sábado, 8 de marzo de 2014

Transdniester: ¿el futuro de Crimea?

El antiguo principado de Moldavia, que data del siglo XIV, fue un territorio disputado entre el Imperio Otomano y Rusia durante centurias. En 1812, por el tratado de Bucarest, la región de Moldavia oriental o Besarabia, ubicada entre los ríos Prut y Dniester, fue cedida al Imperio de Rusia. Bukovina, al norte, fue parte del Imperio Austro-Húngaro. 
¿Cuál es la diferencia entre un moldavo y un rumano? Ninguna. Es la misma lengua y cultura. Lo que actualmente es Rumania logró su independencia en 1878, pero Besarabia siguió bajo la soberanía rusa hasta el derrumbe del zarismo, en 1918. Una asamblea de representantes de Besarabia votó por su incorporación al Reino de Rumania. Los países vencedores de la Gran Guerra no lograron, sin embargo, poner en vigencia el tratado de París, en el que reconocían la nueva integridad territorial, ya que Japón nunca lo llegó a rubricar. Esta gran Rumania se hallaba entre dos países que reclamaban partes de su territorio: Hungría, derrotada en la primera guerra mundial, exigía a Transilvania. La Unión Soviética, por el otro lado, tenía ambiciones de reconquistar a Besarabia. Al este del río Dnieper, en 1924 se formó la República Autónoma Socialista Soviética de Moldavia, dentro de la R. S. S. de Ucrania.
Rumania tuvo que ceder nuevamente la región de Besarabia por el ignominioso Pacto Ribbentropp-Molotov, de agosto de 1939, por el que la URSS y Alemania se repartieron el Este de Europa. La parte meridional de Besarabia fue incorporada a la República Socialista Soviética de Ucrania, en tanto que con el resto se formó la República Socialista Soviética de Moldavia, y a esta se anexó la mayor parte del territorio de la pequeña 
República Autónoma.
Las fronteras que logró Stalin en dicho tratado con Hitler no fueron modificadas en 1945, al terminar la segunda guerra mundial. Poco tiempo después, la misma Rumania entraría en la órbita de países satélites de la URSS.
En diciembre de 1989, los rumanos lograron la caída de la dictadura de Nicolae Ceauşescu. En 1991, Moldavia se independiza de la Unión Soviética y se conjetura con la posible reunificación con Rumania. Sin embargo, en 1992 la población rusa de la orilla oriental del Dniester se enfrenta a los moldavos, en combates que cesaron tras la intervención de las tropas rusas. La región de Transdniester se declaró independiente y, en el año 2006, se celebró un referendum en el cual la mayoría aprobó su futura unificación con la Federación de Rusia, aun cuando se halla ubicada entre Moldavia y Ucrania, sin límite físico con su protector. Transdniester no está reconocida internacionalmente -excepto por Abjazia y Osetia del Sur-.
En estos veinte años tras el congelamiento de la situación, Transdniester ha sido el escenario para un activo tráfico internacional de mujeres y niñas para prostitución, comercio ilegal de armas y uranio, contrabando de automóviles robados, narcotráfico y santuario de criminales en la región, que afecta seriamente las perspectivas de la incorporación de Moldavia a la Unión Europea. En Moldavia ha habido un cambio de gobierno que inició la adopción de legislación para transparentar la función pública y cimentar un Estado de Derecho. 
El proceso de negociaciones diplomáticas del 5+2 (OSCE, Rusia, Moldavia, Ucrania y Transdniester, más la Unión Europea y Estados Unidos como observadores) cobró impulso en el 2011 gracias a la iniciativa de la canciller alemana Angela Merkel quien, en el 2010 junto al entonces presidente ruso Dmitri Medvedev, firmaron el memorandum Meseberg de conversaciones entre las partes. El objetivo de Merkel era no sólo el de solucionar la cuestión de Transdniester, tan conflictiva para la seguridad del continente, sino como un paso hacia un acuerdo general con la Federación de Rusia. Pero el proceso de negociaciones de Meseberg se ha estancado desde el año pasado.
¿Transdniester puede ser el futuro de Crimea? Por su ubicación geográfica, la península ofrece condiciones más atractivas para ser un paraíso de la criminalidad internacional. Sin embargo, a la Federación de Rusia no le convendría amparar una situación de este tipo en donde tiene asentada la flota del Mar Negro.
Si algo nos enseña la historia, es que no hay curso determinado de la humanidad y que el futuro es impredecible.


Bibliografía consultada:

Marcel Mitrasca, Moldava: A Romanian Province under Russian Rule. New York, Algora, 2002.
Stewart Patrick, Weak Links: Fragile States, Global Threats, and International Security. New York, Oxford University Press, 2011.
Anne Clunan y Harold Trinkunas (comp.), Ungoverned Spaces: Alternatives to State Authority in an Era of Softned Sovereignty. Stanford, Stanford Security Studies, 2010.
Janusz Bugajski, Cold Peace. Westport, Praeger, 2004.

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